Homenaje a un Dorado, Antonio Delgado
 
 
 
 
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 Cuauhtémoc, Chih. 03 de Marzo del 2010 Por: Marcelino Martínez
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Era la tarde del 15 de febrero de 1916 cuando el joven sargento de 21 años sentado en el camastro en uno de los cuartos de la hacienda de San Jerónimo, como siempre, revisaba su pistola del 44 y su inseparable 30-40. Hasta ahí llegó el Centauro,  ordenando; ¡alístate!, partimos al amanecer, lo mismo dijo a todos los de su escolta, según lo platicaba Jesús Pallares Flores, de Cusihuiríachic, por la mañana del 16 saldrían sin saber a dónde, pero hacia el norte.

Antonio, nacido en San Andrés allá por 1893, había crecido como peón en la hacienda de Bustillos, donde en 1904 oyó hablar de un rudo cuatrero que los vaqueros de la hacienda habían capturado destazando una vaca y que pronto entregarían a la acordada para que lo colgara por bandido, el abígeo era Pancho Villa, que a partir de 1910 se convertiría en el comandante de la legendaria División del Norte.

El 14, 15 y 16 de noviembre de 1910, Villa reclutaba gente en las rancherías de la Sierra Azul, Antonio, como otros, se apropió de un caballo de la hacienda y allá por el cañón de San Bernabé se incorporó al grupo revolucionario, que el día 17 de noviembre de 1910 atacó la hacienda de  Chavarría, en las proximidades de Santa Isabel, con ese bautizo de guerra, Antonio Delgado sería protagonista en muchas de las hazañas del famoso general Francisco Villa.

Por el conocimiento que se tenían desde la hacienda de Bustillos, la lealtad y confianza rebasaron la amistad que se extendió hasta el compadrazgo de “ nomás”,

con el valiente Toribio Ortega, al que  a su muerte, como  Villa también le lloró.

Andar cerca del General, lo llevó a  estar siempre con la vida al filo de la muerte como sucedió en Bachimba, donde recibió una terrible herida que lo hizo cargar plomo para siempre en el lado izquierdo de su maxilar inferior.

Testigo de la formación de la División del Norte revolucionaria en La Loma, Durango en septiembre de 1913, vivió los combates de Avilez y la toma de Torreón, de los que en el famoso tren entraron hasta el corazón de Juárez y tomaron La Plaza, vencedor en las Dunas de Tierra Blanca, de los que derrotaron a Mercado en Ojinaga , combatiente en la segunda y gran toma de Torreón, triunfador en Zacatecas, paseó su enorme estampa y condición de Dorado en la ciudad de México; sufrió las derrotas del Bajío y de Agua Prieta y presenció la desintegración de la División del Norte en el lugar donde vivió su niñez y juventud: la hacienda de Bustillos en los últimos días de 1915. Pudo haberse quedado al lado de los suyos, pero decidió correr la suerte inmediata de su admirado jefe, que por lo pronto tomaba el rumbo de Bachíniva a San Jerónimo, algo pesado bullía en la cabeza del Centauro, el selecto grupo de poco más de 400 hombres los supieron hasta el amanecer del 9 de marzo, estando a la vista el pueblo fronterizo de Columbus, en Nuevo México, al que se ordenó atacar, destruir e incendiar, ahí resultó herido de tres balazos en la pierna izquierda, en la retirada y dispersión, Antonio vagó por la sierra  en compañía de otros, algunos de los cuales fueron recalando a sus lugares de origen, en tanto él se refugiaba en Chihuahua en la casa de Luz Corral, que lo curaba y lo mimaba. En los dos o tres años más que anduvo a lado de otros villistas perseguidos por el gobierno, en el rancho de Agua Fría encontró a Ma. de Jesús Cárdenas Domínguez enrollada en un cuero de vaca, recargada en un rincón, descubrimiento que sirvió para enamorarla y casarse con ella, vivió escondido en cualquier parte hasta que aparece por la Colonia Gardea al lado de antiguos combatientes originarios de San Andrés como su entrañable amigo Andrés Mendoza Villa, que al momento luchaba por el reparto agrario.

Este Dorado se ganó uno de los galones, al dar muerte a un oficial del ejército federal con grado de capitán, al que le arrancó las insignias y al colgárselas, Villa le reconoció el grado de Capitán.

La numerosa familia que originó sigue recordando con mucho orgullo al “Chino ”, que fuera escolta personal del comandante de la poderosa División del Norte.

Falleció en 1963.

 

 

                                          Profr. Marcelino Martínez Sánchez

Cronista de Cuauhtémoc y miembro

de la Sociedad de Estudios Históricos


 
 
 

    
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